Queen podría regresar al escenario con un show de hologramas
música 27 NOVIEMBRE 2025
El guitarrista y el batería de Queen, Brian May y Roger Taylor, han hablado sobre la posibilidad de que la banda ofrezca un show holográfico al estilo del de ABBA Voyage. Hablando con Big Issue, May y Taylor hablaron sobre la posibilidad de que se produjera una suerte de reunión virtual en el que aparecieran avatares del difunto Freddie Mercury y del bajista John Deacon, retirado desde 1997. Preguntado por una suerte de “reunión” virtual con sus antiguos compañeros de banda, May dijo: “Freddie sigue vivo a través de la música que escuchamos todo el tiempo. En cierto sentido, John sigue con nosotros de la misma manera, pero ahora tenemos muchas otras oportunidades”. “Me refiero a cosas que sean inmersivas, como The Sphere en Las Vegas, donde será posible ofrecer a la gente una experiencia muy cercana a lo que vivimos nosotros cuando éramos Freddie, John, Brian y Roger. Y eso me atrae mucho”. May siguió comparando sus recientes conciertos con lo que puede hacerse con la tecnología de los hologramas: “En nuestros conciertos de Queen, llevo mucho tiempo interpretando ‘Love of My Life’. Y al final, Freddie aparece y se une a mí en un vídeo. Es algo muy sencillo, pero es una forma de involucrar a Freddie, y creo que básicamente podemos llevarlo mucho más lejos”. “No se trataría solo de reproducir imágenes antiguas o algo por el estilo. Sería crear Queen como si lo estuviéramos creando hoy. Me encanta la idea de que podamos volver a ser el Queen original”, explicó el hacha.
Por otro lado Roger Taylor afirmó que “disfrutó” y “se lo pasó bien” cuando fue a ver el show ABBA Voyage, que se estrenó en 2022, aunque dejó el recinto con sensaciones ambiguas: “Las proyecciones en sí no me parecieron tan convincentes. Creo que la tecnología ha avanzado mucho desde que comenzó el espectáculo de ABBA, y que se pueden hacer muchas más cosas”.
El año pasado surgieron especulaciones sobre la posibilidad de que se estuviera preparando un espectáculo con hologramas de Queen después de que Mercury Songs Limited, la organización propietaria de las obras en solitario de Freddie Mercury, solicitara registrar su nombre como marca comercial para realidad virtual y 3D.
Eso sí, en su momento, May no se mostró abierto a la idea, tal y como lo hace hoy: “Hemos hablado y visto hologramas de Freddie, [pero] nos encanta estar en directo y ser peligrosos, eso es todo, ese es nuestro énfasis. Ahora bien, cuando todos hayamos desaparecido, sí, claro, haced algo al estilo ABBA sobre nosotros, pero mientras estemos aquí quiero tocar en directo”.
“Tenemos algunas cosas con Freddie… Yo canto ‘Love of My Life’ y Freddie se une a mí al final cuando hacemos nuestros conciertos en directo. Pero no es un holograma, es solo una tecnología antigua que nos gusta bastante”.
Desde luego, el uso de hologramas en conciertos no es nuevo, pero desde que Tupac Shakur ‘resucitara’ en el festival Coachella de 2012 para unirse a Snoop Dogg y Dr. Dre la técnica se ha perfeccionado y comercializado a gran escala. Los artistas fallecidos, o aquellos que ya no pueden girar, representan un mercado enorme. Las empresas de entretenimiento han visto en los hologramas una forma de aprovechar catálogos inmensos sin las limitaciones biológicas del artista. Es un modelo que mezcla homenaje, negocio y un cierto desasosiego ético.
Se abre un debate necesario sobre el significado de ‘música en vivo’. ¿Sigue siendo directo si lo que vemos es una proyección? Para muchos, sí, siempre que haya músicos reales en escena y elementos performativos; para otros, se trata de una simulación que pierde la esencia de un concierto tradicional. Un holograma no se cansa, no envejece, no exige dietas de catering ni vuelos privados. Para las discográficas y productoras es una mina de oro. Pero ver al artista en vivo, respirar el mismo aire que él, incluso verle equivocarse, es una experiencia difícilmente replicable. Si el directo se convierte en un producto controlado al milímetro, sin espacio para lo imprevisible o la improvisación, la música pierde gran parte de su alma.
Eso por no entrar en otras cuestiones que esta tecnología pone sobre la mesa: ¿hasta qué punto es respetuoso recrear a un artista fallecido sin su consentimiento explícito? ¿Es correcto mantenerlo ‘activos’ para generar ingresos? ¿Puede esto trivializar la conexión emocional que el público tenía con él? Al final, la música en directo sigue siendo un lugar donde buscamos algo más que nostalgia: buscamos sentirnos parte de algo único.
Por Paola Ch.
FM HIT
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